Tarifa, ciudad amurallada, "Leal y Noble". La dos veces defendida heroicamente. Al Sur más al Sur, en 1294, por un castellano-leones que la guardaba, Alfonso Pérez de Guzmán y al Este, en 1813 un joven General, malagueño, Francisco de Paula Copons y Navia, primer Conde de Tarifa por su valor ante el intruso gabacho. Pero Tarifa, además de su rica y reconocida historia, tiene dos riquezas inigualables; la primera su al fin redescubierto y generoso viento de levante, que junto a sus gentes, la convierte con este don de la naturaleza tantas veces odiado, en su industria inextinguible, situándola a la cabeza en todos los mapas del universo mundo del turismo. La segunda riqueza su campiña y el toro bravo. Y es el toro y un Museo Taurino en Tarifa, el tema de este domingo.
Un Museo Taurino de Tarifa que está en la calle María Antonia Toledo nº 14, abierto siempre para todos los públicos y militares sin graduación, como rezaban los carteles antiguos. Su creador y dueño es, José Puyol Moreno, tarifeño de 'nativitate' que por más señas acaba de cumplir y celebrar las bodas de oro de su matrimonio. Allá por los años cincuenta del siglo pasado siendo un niño también tuvo sus escarceos con la torería andante de la época y figuró -así me lo confiesa- como banderillero en algunos festivales en su pueblo. Esta larga historia de Pepe Puyol Moreno con su amor a la fiesta del toro tuvo su comienzo en 1942 en una tómbola de las monjitas de La Inmaculada de Tarifa. Resultó que él jugaba siempre que podía una papeleta y le toco un pequeño torito de alpaca, como de plata, con sus banderillas puestas y que hoy preside sus pobladas vitrinas. Este sería el comienzo de una larguísima pasión por el toreo de su pueblo e ir coleccionando ininterrumpidamente objetos y fotos hasta el día de hoy hace ya sesenta y un años. Pepe Puyol, recuerda cuando tenía seis o siete años a sus amigos y toreros como, Paquito Muñoz, Pablito Lalanda, al Niño de la Palma, hijo, incluso correteó por la campiña tarifeña algunas veces con el mismísimo Miguelín buscando tentaderos. Su bautismo como espectador de corridas fue en Algeciras, de la mano de su padre, con diez años, en la preciosa pero; después asesinada Perseverancia, el 14 de junio de 1943; recuerda el cartel: Manolete, Pepe Luis Vázquez y Miguel del Pino. Su casa Museo es por encima de todo un canto a la dinastía y al encaste Núñez. Está impregnado del apellido "Núñez". Lo confiesa emocionado. Núñez preside sus salas, las santifica, una añeja fotografía de Don Carlos Núñez Manso junto a su esposa Doña Raimunda Moreno de Guerra y detrás de ambos la historia, la cabeza de Amistoso, el bravo toro que dio origen al encaste Núñez. Su Museo es una constante muestra espeto al apellido Núñez y a Los Derramaderos. Todo él está repleto de testimonios fotográficos a esta emblemática ganadería. Pero Puyol tiene su corazón 'partío' con Antonio Ordoñez, cuando se han cumplido los cincuenta años y así consta en su museo, los 20 años de Festivales desde 1956 a 1976 para la construcción de la barriada levantada con la ayuda inestimable del maestro de Ronda con su nombre, Ordoñez siempre estuvo hermanado fuertemente con Tarifa y al encaste de los Núñez. Está el primer cartel del festival del 26 de febrero de 1956, con Alvarito Domecq, Litri, Antonio Ordoñez y Juanito Núñez, hijo de don Carlos Núñez Manso. Retiene en sus paredes la historia del toreo de casi setenta años.
Puyol escrupuloso con la fecha exacta, el dato, posee una extraordinaria documentación personal de todo lo acontecido en la familia Núñez. Conoce y expone en sus salas las 20 ganaderías del campo bravo Tarifeño desde 1793 con el origen del Jerezano, Marcos Núñez Temblador, hasta la última de, Javier Núñez Cervera, La "Pasmosilla". Cuando le pregunto que es lo que más desea y pediría para su Museo, Pepe Puyol no lo duda "el capote de seda de tientas de Manolete que estuvo siempre en Los derramaderos" Y añade, "y la cabeza del toro Amistoso que es la que hace también el encaste de la ganadería Núñez" y que siempre la estoy esperando porque me la han prometido". Me doy cuenta que a Puyol se le están quedando cosas por decir. Le pregunto que más querría para su Museo. "Este Museo, como ves -me comenta- además de Antonio Ordoñez que se entregó en vida con Tarifa; es también de Francisco Rivera Paquirri, media sala es de él y de Miguelín. A Francisco Rivera Ordoñez lo he invitado alguna vez a que venga; la verdad es que nunca me ha prestado atención, ¡ni ha venido!".
Diario de Sevilla